Ahora que acabamos de transitar la temporada escorpio y que mercurio está retrógrado, creo que es el mejor momento para hablar de intensidad.
No cabe duda de que una de las características del Yoga Iyengar es su intensidad. Pero veamos primero el significado de esta palabra según la RAE:
Definición de intensidad
Intensidad: Es la fuerza o energía con la que se manifiesta un fenómeno. Vehemencia de los afectos: Se refiere a la fuerza o pasión con la que se sienten las emociones.
Intenso: Muy vehemente y vivo: Describe una cualidad con gran fuerza o pasión.
Sí, claramente podemos afirmar que así se siente el yoga Iyengar, vehemente y vivo, con gran fuerza y pasión ☺️
No obstante, no siempre estamos preparados para esa intensidad, físicamente, o mentalmente, otras, definitivamente no estamos preparados a nivel emocional, o simplemente, hay gente que no quiere/puede lidiar con la intensidad.
El yoga Iyengar, por un lado, es para todos: por la utilización de soportes, que nos ayudan a adaptar la postura a cualquier tipo de cuerpo, y su parte tan terapéutica; pero quizás, por otro lado, no sea para todo el mundo debido a su intensidad.
Una anécdota
Una vez vino una alumna de la videoteca a conocerme en persona y tomar una clase presencial conmigo. Me confesó que sólo se veía las clases de la videoteca, porque le acompañaban y le daba paz escucharme, pero que no las practicaba…
En el primer Uttanasana me pregunta si tiene que doler…
Dependiendo de la postura y la práctica que tengas, el yoga puede ser incómodo, de hecho, muchas veces lo es, e incluso puede doler, efectivamente. Si te quedas siempre en un punto donde no sientes nada, ¿qué beneficio puedes sacar de eso? quizás el mismo que si ves una clase y no la practicas… ninguno, o algo muy superficial.
Claro, al salir me agradeció mucho, pero a los días se borró de la videoteca, normal. Claramente la clase estaba por encima de su nivel de práctica, y estaba pasando por algún proceso personal y la intensidad le sobrepasó. Además, en mi opinión, no estaba buscando la solución a sus problemas en el lugar adecuado…
Otro día hablaré de si el yoga debe doler, y cómo diferenciar entre dolor bueno y dolor malo, donde nos podemos hacer daño.
La intensidad no es medible, es subjetiva, pero sí se puede regular
Aunque seas una persona intensa, o que no te importe lidiar con la intensidad, creo que no es posible soportar el mismo grado de intensidad en todos los momentos de nuestra vida.
Si estamos pasando por un proceso vital que ya es muy intenso, quizás no podamos soportar más intensidad, con el cuerpo, con la mente y/o con el espíritu, y la práctica de yoga se vuelva tediosa.
En esos momentos, es muy importante darse cuenta, y adaptar la práctica a algo menos intenso o más restaurativo. De manera que regulemos esa intensidad de la práctica del yoga Iyengar, para hacerla más liviana, y nos nutra de la manera que necesitamos en ese momento.
No se trata de procrastinar en la práctica, ni tampoco de ser masocas, ¿podemos encontrar un equilibrio utilizando la consciencia que el propio yoga nos infunde?
La comunicación es la clave para el entendimiento
Si como alumnx, y la intensidad de la práctica te está sobrepasando, habla con tu profesor. Quizás necesites ir a un nivel inferior un tiempo, o adaptar la práctica de alguna manera, que sea soportable y te siga nutriendo. Y no, no es ninguna deshonra bajar de nivel ¡humildad, por favor!
Si eres profesor, presta atención a cómo vienen tus alumnos.
Ya sabemos que hay varios tipos de practicantes, según su implicación y dedicación (esto tiene mucho que ver con la forma de ser); pero se supone que conocemos a nuestros alumnos, y si vemos que alguien no puede en algún momento dar la intensidad que, como profesores, estamos demandando, en vez de insistirle, mejor ser tolerante y ayudarle, para que no se frustre o, incluso, deje la practica, precisamente, cuando más lo necesita.
No me entiendas mal, no estoy diciendo que no animes a tus alumnos a dar el 100%, no hablo de eso, hablo de que no debemos de insistir por defecto, a todos, ni por igual. Precisamente porque la intensidad no es medible, aunque sí regulable. Y creo que es responsabilidad del profesor, saber regular la intensidad tan maravillosa de la herramienta que tenemos entre las manos.
Igual que insistimos cuando vemos un cuerpo que no está dando su máximo potencial, también debemos saber cuándo recular si el alumno simplemente no puede dar más.
Pero ¿qué nos aporta la intensidad?
La intensidad está directamente relacionada con la profundidad, y la intensidad toca puntos que no pueden ser tocados desde la superficie; de ahí que tenemos que estar preparados y abiertos a la transformación.
Porque sólo si algo llega profundo, tiene la capacidad de transformar. De ahí el potencial del yoga Iyengar como herramienta altamente transformadora, gracias a su intensidad.
Así que, como de profundo te involucres en la práctica del yoga, así de profundo será el resultado. Y la intensidad, a cualquier nivel, se puede ir trabajando a dosis más pequeñas para hacerla “soportable”.
Qué bueno que el yoga Iyengar sea tan versátil, que nos pueda dar opciones según el nivel de intensidad con el que podamos lidiar en cada momento, ya bien sea por los niveles de práctica, como por la práctica restaurativa con soportes y el pranayama, o las vinyasas y la permanencia… ¡me encanta!


